miércoles, 30 de diciembre de 2020

Mi 2020, un rara avis


Pese a la poca amabilidad con la que 2020 ha mirado al mundo, puedo decir que despido el año con una sonrisa. Sé que soy una rara avis pero me niego a que en mi resumen anual de este año no se note que no todo ha sido malo.

Es evidente que 2020 ha sido un año catastrófico en muchos sentidos. No voy yo a ponerlo en duda, faltaría más a tenor de todos los dramos personales que hemos visto. Pero en lo que a mi me respecta, ha sido un año bastante positivo y hasta me fastidia que para todo el mundo sea un año para olvidar porque yo no quiero olvidarlo.

2020 me ha traído a la persona que tanto tiempo llevábamos esperando. Laia se ha convertido en esa loca bajita que ha convertido nuestro día a día en una dulce locura que me encanta :-)

El inicio del camino no fue fácil; parir al inicio del confinamiento no era lo planeado por nadie. Mirar por la ventana de un paritorio en una de las calles más concurridas de Madrid y solo ver un autobús, es una imagen que, aunque vista a través de los ojos de Nico, no voy a olvidar nunca. Oír los aplausos de los sanitarios al otro lado de la puerta, horas antes de parir, tampoco es un sonido fácilmente borrable. O la cara del Polícia que se debatía entre dejarnos llegar al Hospital o no en aquel control de confinamiento. Pero lo que tampoco voy a olvidar son las lágrimas que solté (soltamos) cuando vi a aquella pequeñaja de 2,270 kilos la madrugada de un 2 de abril. Un día negro en el que la luz llegó a mi en forma de Superlaia.

No fueron ni días ni meses fáciles para nadie y tampoco, para unos padres recién llegados que, por desgracia, no tuvieron ninguna visita a la que atender. Lo que planeábamos que fuera una fiesta por todo lo grande, se tuvo que relegar a encuentros casuales en la calle a 2 metros de distancia para que los abuelos paternos pudieran conocer a la recién llegada. En el caso de mis padres, tuvieron que pasar 86 días hasta que amama, aitite e izeko pudieron conocer a la recién nacida con más energía que he visto en mi vida. Para el resto, tuvo que pasar mucho más.

 

Pero para nada me he sentido sola en todo este tiempo. Nuestra casa se convirtió en una plataforma logística de Amazon y sucedáneos y un centro neurálgico de Zooms. Fue increíble la cantidad de detalles físicos y digitales que nos llegaron y la de horas que echamos en aquella plataforma para presentar a la pequeña. No nos dio tiempo a sentirnos solos lo más mínimo. Y todo gracias a la familia real y postiza que nos cobijo enormemente.

Soy consciente de que mi "drama" personal ha sido una nimiedad en comparación con los vividos y por eso, reitero que mi 2020 ha sido un año para no borrar.

Y con todo esto me quedo de este 2020. Con un año en el que las sombras, muchas, no han podido con la luz en mi vida personal. Con un 2020 lleno de momentos únicos, momentos muy diferentes a lo que tenía pensado, pero que me han servido para apreciar los encuentros mucho más.

En 2021 tengo muchos retos en la cabeza, pero sobre todo uno muy grande: celebrar todo lo que 2020 no nos dejó. Y lo haremos a lo grande. 

¡A por un 2021 bueno para todos!

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Unas navidades sin repeticiones


A nadie se le escapa ya que este año es muy diferente y las navidades, hace tiempo que venían demostrando que también lo iban a ser. Y no parece que vayan a defraudar. A las puertas ya del pistoletazo de salida o, más bien ya dado con la coletilla de 1.000 euros de la Lotería de Navidad, nos encontramos ante los días festivos más raros.

Pero ¿por qué son tan raros? Vale, sí porque no podemos estar con quien queremos, porque no habrá actos como las Cabalgatas o las Campanadas multitudinarias, pero además por algo mucho más banal para mi; porque no vamos a poder hacer lo mismo de todos los años. Y eso es justo lo más triste.

Porque para mi las navidades son una repetición de eventos, gente y sucesos que cada año tienen algo especial dentro de su total previsibilidad. Días en los que prácticamente sé lo que voy hacer, lo que voy a comer y con quién. Días en los que incidir en esos mensajes que de forma indirecta decimos todo el año, pero que en estos días cobran mayor importancia. Días para repasar un año y hacer acopio de energías, deseos y buenas vibraciones para el que está por llegar.

Cierto es que este año las navidades son un poquito más especiales. Es el primero que lo pasaremos con esa persona que ha venido a cambiarnos la vida, pero también el primero en el que mi intención era volver a repetir todo con ese extra. No ha podido ver y eso, como a todos, da morriña.

Y esto me ayuda a hilar precisamente con otro pensamiento que ha sido muy recurrente durante este año: el de la ausencia de repeticiones. La falta de celebraciones como todos los años, la ausencia de encuentros en el mismo lugar y con la misma gente y la de tantas cosas que nos hemos perdido. Pero quizás no haya sido una pérdida como tal, sino una forma de valorar que la vida es una sucesión de acciones que hacemos una y otra vez y que nos hacen felices.

No sé la sensacion que os dejará este post pero me niego a que esa triste. De hecho, estas navidades no puedo evitar sacar una sonrisa sabiendo como sé que todos los que quiero están bien y que, aunque no estemos esta noche para hacer lo mismo de todos los años, lo estaremos dentro de muy poco para acordarnos de aquellas navidades que no fueron iguales a todas.

A todos, feliz Navidad. A sonreír y cuidaros mucho para que en nada volvamos a repetir lo de todos los años.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Un día diferente


No puedo decir que el día de mi cumpleaños no sea un día especial para mi. Lo es. No os voy a engañar. Pero este año como todo, será diferente.

Alrededor de esa día, siempre después porque antes me da mal fario, reunía a familiares, amigos y demás allegados -ahora que está tan de moda esta palabra-. Aprovechaba que estaba tan cerca la Navidad que ya hacíamos un dos por uno para celebrar que un año más estábamos bien. En los últimos años esos días ya se convertían en muchas celebraciones en diferentes días para poder llegara todo. Y me encantaba para que negarlo.

Pero este año, como todo, será diferente. No habrá merienda de colegio con chocolate con churros en nuestro salón, no podremos hacer comidas en la lonja ni nos pelearemos por conseguir un restaurante donde caber tantos. Este año todo será mucho más modesto, por no decir que se reducirá a la nada. 

Llevo días pensando en ello y la verdad es que me da una morriña tan grande que no tengo claro si que mañana sea hoy. Pero se me pasa en un momento cuando pienso "qué leñe, esto no va a poder con nosotros". Porque lo siento, señor Covid-19, porque no lo vas a conseguir. No vas a conseguir arruinarme ni un minuto más de este 2020 tan atípico. Porque eres fuerte pero mucho más son mis ganas.

Esto no es un punto y final en mis celebraciones cumpleañeras. Lo siento. Eres un desgraciado que nos has complicado el 2020, pero no vas a conseguir que se nos quiten las ganas de seguir celebrando y que en cuanto no seas más que un hecho histórico, volvamos con más ganas, si cabe. Tantas que no paremos de celebrar, tanto que consigamos que la vida se nos pase entre celebraciones. Espero ese día con ahínco para reírme de ti como lo haces tú todos los días.


jueves, 15 de octubre de 2020

Superlaia y el malvado Coronavirus

 

Cuando era pequeña siempre soñaba con ser escritora. Llenaba hojas de historias de princesas valientes que daban lecciones a los príncipes -creo que el feminismo ya corría por mis venas- pensando que algún día serían los número uno en venta. Pero nunca pensé que el primer libro que autoeditaría sería un cuento para mi hija. Y así ha sido.

"Superlaia y el malvado Coronavirus" ya está en mis manos. Lo que eran historias que le contaba a mi superheroína para dormirla, cuando nada más funcionaba, se han convertido en un pequeño cuento sin más ambición que la de ser un recuerdo muy especial.

Y es que el cuento no deja de ser un pequeño homenaje a esa superheroína que llegó en el peor momento de una pandemia dispuesta a darnos felicidad y mucha fuerza para seguir adelante. Una pequeña que puso al mal tiempo buena cara y nos enseñó que podemos seguir soñando porque los sueños se pueden hacer realidad.

Cierto es que este libro no sería tan especial sino fuera por las ilustraciones de Ana Traba. Su trabajo, que ya se puede apreciar en la imagen que abre este artículo, ha sido la guinda que necesitaba para hacer este regalo más especial, si cabe.

No espero que este cuento sea un superventas, ni mucho menos. Con que sirva para que esa canija de ojos despiertos sepa lo especial que puede llegar a ser, me conformo. Maite zaitut, Pitxirila.

Pero como lo mejor de un cuento es compartirlo, aquí lo dejo para que lo podáis disfrutar. El físico me lo guardo para cuando nos podamos ver 😍


























miércoles, 8 de julio de 2020

Un punto y final progresivo

Una de mis grandes dudas como madre siempre había sido el no tener la certeza de poder dar el pecho. Siempre he tenido claro que quería probar, pero sabía que la naturaleza no me ayudaba mucho. Y por desgracia no me equivoqué.

Nadie me dijo que la lactancia fuera fácil, pero tampoco que la ayuda profesional iba a ser mínima. Una bebé del peso de una prematura, unos pezones planos  y un biberón en las primeras horas de vida en un hospital poco pro lactancia de facto no eran el caldo de cultivo idóneo, y mucho menos en un estado de alarma donde nadie con conocimientos se podía acercarte a decirte "lo haces bien o prueba así". En ese momento el teléfono - y la gran ayuda de una enfermera en neonatos ¡mi hada madrina particular!- se hizo el único medio de ayuda y reconozco que para mi fue demasiado frío. Aún así, puedo decir que me sentido apoyada por mi familia y amigos -Mariflus, especial mención para ti- en todo momento. Esa distancia se ha suplido con muchas palabras de ánimo y comprensión que me han dado la energía necesaria para seguir.

Pese a todos los problemas, he estado 3 meses combinando pecho y biberón. Una lactancia mixta con sus ventajas y, sobre todo, con todas las desventajas de los dos sistemas de alimentación. Un tiempo en el que he disfrutado de la lactancia materna mientras miraba de soslayo, y muchas veces con desprecio, el trozo de plástico que se batía en duelo con mi pecho. 

Hoy he decidido que la etapa de lactancia materna se va a acabar. Una decisión que he tomado unilateralmente y con todas las consecuencias. Será un final progresivo. Una despedida lenta pero no por ello menos dolorosa porque, aunque tengo claro que es la mejor decisión para mi y mi hija en este momento, la culpabilidad es una losa que pesa.

Y es que he decidido comenzar a reconciliarme con el biberón y empezar a disfrutar de todo lo que está progresando mi hija sin tener que temer el momento de darla de comer. Porque tengo claro que la lactancia materna es lo mejor, pero también quiero disfrutar cada minuto con ella sin sentirme culpable.

Gracias teti. Hasta la próxima. 

martes, 19 de mayo de 2020

Historia de una hamaca

Es difícil darse cuenta de como las pequeñas decisiones, esas que parecen insignificantes y estúpidas, pueden marcar la gran diferencia de un futuro cercano. Entender que las circunstancias cambian de un día para otro y aprovechar el aquí y ahora es vital en esta vida. Esta reflexión digna de Paulo Coelho es mucho más comprensible con el siguiente ejemplo.


Los pasados Reyes Magos, cuando Laia todavía no sabía lo que era respirar por ella sola, la reina maga izeko Nuria le regaló una hamaca. El artilugio era de lo más completo e incluía una función para grabar voces. Al probarlo, Nuria quiso grabar su voz para que Laia la pudiera tener siempre presente, pese a los kilómetros de distancia. Mi respuesta en aquel momento fue: "anda que no tendrás tiempo para hacerlo, ya lo harás cuando nazca". Pero nunca hubiera imaginado cuán equivocada estaba y lo que me iba a arrepentir de mis palabras.

Tres meses después resuena esa frase en mi cabeza una y otra vez. La pandemia mundial del Coronavirus ha impedido que Laia tenga esa grabación de voz grabada en persona. Bueno eso y mucho más. Y es que el hecho en si puede parecer una tontería con la que esta cayendo pero me demuestra que dejar para mañana eso que queríamos hacer hoy es un error. Eso incluye abrazos, besos y pequeños gestos de amor que nos estamos perdiendo.

Por supuesto, soy muy consciente de lo afortunada que soy en estos momentos. Hemos conseguido que el bicho, que si ha cargado contra familiares y amigos, solo se haya llevado por delante a uno. Mucho más de lo que desearíamos, por supuesto, pero mucho menos de lo que podría y todavía, puede ser. No podemos bajar la guardia.

Estos días también he descubierto lo afortunada que soy por tener a tanta gente a mi alrededor que con sus llamadas, vídeos, whatsapps y videoconferencias me han animado a hacer mucho más llevadera esta situación.

Y es que son tiempos complicados para todo el mundo. El confinamiento nos ha enseñado a valorar mucho más aquellos abrazos que no nos dábamos, aquellas reuniones con amigos e incluso, todos los momentos estresantes del día a día. Y ahí cada uno tenemos nuestra historia personal que echar de menos.

Pero ahora estamos delante de una época de incertidumbre con una desescalada eterna. Un no saber que me pesa cada día como una losa; no saber cuando mi hija conocerá a sus abuelos, cuándo podré pasear con ella y Nico o cuándo comeré con mis amigos. Esas pequeñas cosas que son, en definitiva, la vida y que ahora me parecen tan lejanas.

martes, 24 de marzo de 2020

Nacer en tiempos de coronavirus

Aunque prácticamente a todas horas te "escribo" con la mente, hoy lo dejaré plasmado en un papel/blog. Y es que hoy más que nunca necesito explicarte en qué situación estamos y necesito que sepas en qué momento vas a llegar.

Hace días que me preguntaba a qué mundo llegarías. Qué ingenua era si pensaba que a todos los males que te citaba no se iban a añadir algunos más. Y es que estos días parece que no podemos hablar de otra cosa que no sea el maldito bicho. El coronavirus ha inundado todo; se está llevando por delante a muchos y nos está demostrando todo su poder de la peor manera posible.

Pero no quiero hablarte de lo mismo que podrás ver en los anales de la historia cuando seas mayor. Quiero hablarte de nosotras. Llevamos oficialmente unos 10 días confinadas en casa. No somos Anna Frank ni heroínas de guerra, pero si estamos viviendo una situación complicada donde poco será como pensábamos a tu llegada. Lo que será uno de los momentos más emocionantes de mi vida, lo viviré en un estado de alarma y cuidado sin igual y eso lejos de preocuparme como tal, me entristece un poco.

Llegas en un momento en el que salir a la calle parece, y seguramente lo es, una hazaña. Da miedo tocar un picaporte, apretar el botón del ascensor o simplemente comprar una barra de pan. Acciones que, hasta hace unos días hacíamos de forma automática, se han convertido en una temeridad sin paragón. Es por ello que, pese a la emoción que me inunda, por ti, por mi y por supuesto por todos los que están luchando contra esta lacra, nos toca ser muy precavidas y vivir estos momentos de la forma más cauta posible.

Pese a todo, estoy y debemos estar tranquilas. Vivimos en una sociedad con muchos defectos pero, por suerte, también con muchas ventajas. Una sanidad con profesionales de primer nivel que nos ayudarán a que todo salga bien. Por eso, sé que todo va a ir bien. Tengo claro que tu fortaleza poco tiene que ver con tu tamaño. Y eso me ayuda a confiar en que esta situación tan solo será una anécdota más que contarte.

Y es que debemos dar las gracias además a que llegas en un momento en el que hay mucha tecnología. No todo va a ser negativo. Esa que nos permitirá acortar distancias y permitirá que tu familia vea a su nieta, sobrina o prima por videoconferencia, aunque no la puedan tocar ni tocar ni acuchar como te mereces. Esa que te presentará en sociedad de la forma que menos me gustaría pero que más cercana se puede conseguir ahora mismo y esa que nos ayudará a sobrellevar cualquier imprevisto que pueda surgir en unos padres primerizos que intentarán hacerlo lo mejor posible, pero que estoy segura que se tendrán que enfrentar a muchos retos de una forma genuina. Menos mal que nuevamente tenemos toda la tecnología a nuestro alcance para apoyarnos en todos aquellos que nos han brindado su colaboración. No será los abrazos y besos de carne y hueso que necesitas, pero menos es nada.

Como te decía, estoy segura que esta excepcional realidad, que pasará, será simplemente una anécdota en tu biografía. Esa que me imagino, y soñar en estos casos es gratis y gratificante, que se escribirá en las enciclopedias cuando seas la Marie Curie, la Hipatia o la Juana de Arco de tu tiempo. Porque aunque no tengo ni idea si harás historia como ellas, para mi serás una heroína que decidió ponerle al mal tiempo buena cara y llegar a este mundo, ya de por si complicado, con un extra más.
Te espero con los brazos abiertos.


jueves, 19 de marzo de 2020

Carta a un enfermo

Llevo varios días pensando en cómo empezar esta carta que finalmente no sé si enviaré y la verdad es que me cuesta.

Soy de las que no me suele temblar mucho el dedo para escribir. He llenado cuadernos y cuadernos con tonterías pero cuando es el momento de verdad; el momento de demostrar a alguien todo mi apoyo y darle las fuerzas que ahora mismo escasean, me da el síndrome del folio en blanco.

Aún así lo voy a intentar:

Hola,
No conozco tu nombre ni tu situación personal, pero estamos unidos por una misma causa: hacer frente a una pandemia que, por desgracia, en tu caso te ha cogido de lleno. Y teniendo un pequeño nexo de unión podríamos llamar a esto el inicio de una bonita amistad. 
Sé que estos días te encontrarás muy solo/a. Una habitación de hospital no es precisamente el sitio más hogareño en el que se puede estar y mucho menos, cuando síntomas como la fiebre, la tos o los vómitos son tus únicos acompañantes en ese espacio. Pero fuera de él te puedo garantizar que muchos estamos pensando en vosotros y acompañándoos. 
Ya que tú no puedes asomarte a mi ventana, lo haré por ti. Desde ella veo mensajes como "Fuerza", "El pueblo salvará al pueblo" y muchos, muchos arcoiris. Esos arcoiris que reflejan la luz, la esperanza y todos los buenos deseos que te mandan millones de niños de toda España. Justo ese momento estamos esperando todos, la calma que sucede a la tormenta que estamos viviendo todos pero en la que tú te has llevado la peor parte.  
Quizás en algún momento has podido escuchar lejanamente los aplausos que damos a las 8 de la tarde. Esos momentos en los que todos salimos a los balcones para demostraros todo nuestro apoyo y cariño. Para demostraros que, aunque estar en casa pueda ser el menor de los males, lo hacemos para que podáis estar lo mejor atendidos posibles y que la situación pronto se resuelva. El aplauso es para vosotros, como enfermos de un virus que esperamos que no sea más fuerte que vosotros, y para todos esos médic@s, enfermer@s, celadores y demás personal sanitario que velan por vuestra salud.  
Espero que estas palabras te ayuden a seguir luchando. A pensar que estamos aquí fuera esperando que un día salgas de esa fría habitación y te puedas despedir de todos los médicos con un abrazo sin mascarillas ni guantes. Que vuelvas a reencontrarte con tu familia y tus amigos. Que celebres la vida, la salud y la victoria. 
Espero que ese momento sea muy pronto, porque no te quepa duda uqe llegará, pero mientras tanto va por ti ese nuevo aplauso de una nueva amiga. Mucho ánimo. Te esperamos fuera. 






jueves, 27 de febrero de 2020

A qué clase de mundo va a llegar

Es un poco complicado no plantearte mil y una dudas cuando tienes un pequeño bichillo dentro ¿Cómo será esta nueva etapa? ¿Estarás preparada para ello? ¿Cómo te cambiará la vida? Pero quizás una de las que más inquieta porque, al fin y al cabo no está en mis manos, es a qué clase de mundo va a llegar. Y es ahí donde ponerme optimista se me hace cuesta arriba.

Por un lado, llegará en pleno siglo XXI. En plena cuarta revolución industrial como lo llaman algunos, o en plena era del WhatsApp, Instagram y toda clase de avances tecnológicos que muchas veces nos alejan de nuestra esencia humana. Un mundo donde todos aparentamos y todos nos enganchamos sin cesar. Un mundo donde a veces es complicado prestar atención a lo importante.

Pero donde más preocupación me despierta este mundo al que llegará es en el propio Planeta. Un espacio que nos estamos cargando a pasos acelerados. Donde el cambio climático ya no es el futuro sino el presente y donde la conciencia todavía es relativamente minúscula para frenar esto que se puede llevar por delante todo lo que conocemos hoy. Esto me despierta muchas incertidumbres para las que no tengo respuesta.

También estamos en un momento en el que las políticas más tradicionales, cubiertas de patriotismo y conservadurismo, se están irrumpiendo con fuerza no solo en nuestro país sino en el mundo. Una involución que, como nos demuestra la historia, es cíclica pero no deja de dar miedo y volver a mostrar que nuestra sociedad está corrompida desde las entrañas.

Aunque como decía al principio me cuesta ser optimista frente a todo esto, quiero serlo. No solo porque creo que está en nuestra mano cambiar muchas pequeñas cosas para hacer grandes movimientos sociales sino porque confío en que todos estos males no sean más que una oportunidad para mejorar. Y las mejoras llegan -o eso quiero percibir-.

Estamos en un momento único para el feminismo en España y en el mundo. Un momento donde las mujeres seguimos afianzando nuestra posición como iguales y estamos demostrando que no somos las cuatro locas -aunque todavía muchos creen que es así- que parecían nuestras referencias históricas. El 8M es una marea fuerte y espero que lo sea más aún en los próximos años. Mi lucha será su lucha futura.

También veo que, aunque Don Dinero es un poderoso caballero, cada día es más sencillo ser consciente de la realidad de nuestro mundo y por tanto, actuar frente a ello de una u otra manera. Un hálito de esperanza que está en nuestra manos desarrollar.

Por todo ello desde aquí tengo claro que mi tarea en este mundo no solo será ser madre -con todos los retos que ello conlleva- sino también apostar por ser una versión mejorada de mi misma para que un día Laia esté orgullosa de todo lo que le hemos dejado.