miércoles, 15 de noviembre de 2017

¿Para cuándo... ser feliz?

Estoy harta de las presiones sociales. Ale ya lo he dicho. No aguanto más el "¿para cuándo?" Si no es el novio, es la boda, sino el primer niño o sino el segundo. Hay que cumplir con los cánones sociales y sino tienes dos salidas; o salir por la tangente en cada situación o contestar con una medio sonrisa diciendo interiormente ¿otra vez?.

La gente no es consciente -o eso espero- de lo que puede quemar el "¿para cuándo?" cuando mínimo se oye dos veces a la semana. Y no hablo de un para cuándo en concreto sino de todos y cada uno de los que te pueden decir en toda tu vida. Y mucho más cuando eres mujer, porque nacimos para cumplir con estos prototipos; para convertirnos en novias, esposas, madres y abuelas. Y sino no somos tenemos novio será porque somos raras, sino somos madres no estaremos completas (que se lo digan sino a Gallardon) o si no nos casamos tendremos el mejor día de nuestra vida.

Si por cada vez que me han preguntado un "¿para cuándo?" en cualquiera de las versiones, me hubieran dado un euro, ahora sería rica. Pero si me lo hubieran dado por cada ¿Estás bien? ¿Eres feliz? Seguramente ahí me daba para mucho menos. Y es que a nadie le importa tu felicidades sino más bien tu capacidad de aparentar que lo eres.

Nadie sabe lo que pasa en cada casa pero todo el mundo quiere ver que cumples con los estereotipos marcados: pareja heterosexual por supuesto, boda que si es por la iglesia mejor y los niños en poco tiempo. Nadie te pregunta si eso es lo que quieres, si puedes permitírtelo o si eres feliz con ese modelo de vida obligado por esa presión social o la peor de todas: si aunque sea lo que quieres, puedes. Pocos se lo plantean.

Propongo cambiar ese "¿para cuándo?" que a nadie nos tiene que importar por un "¿para cuándo... ser feliz?": una pregunta igual de comprometedora pero que desgraciadamente nadie te hace porque se sobreentiende que lo eres y ¿de verdad es así?.

viernes, 27 de octubre de 2017

Soy egoísta luego existo

Hoy me toca un post reflexivo que espero que haga reflexionar a los que lo leerán.

La humanidad cada vez me tiene más horrorizada. Siempre he pensado que el hombre es bueno por naturaleza (Rousseau me caló) y que es la sociedad quien lo corrempe pero ha llegado a un punto de putrefacción que dudo ya si realmente somos malos o nos hacen serlo. 

Que la sociedad occidental, porque es la que conozco mejor, incita al egoísmo es algo consabido. No hay que ser muy inteligente para verlo. El egoísmo de mirar por nuestros deseos, de conocer solo nuestras realidades y de movernos solo del sofá por nuestras creencias (y si lo hacemos) son paradigmas del día a día. Una cotidianidad instaurada y rodeada de estímulos que nos invitan solo a ser más egoístas con un consumo rápido sin pensar ni reflexionar.

El egoísmo ha llegado a tal punto que muchas situaciones que deberían ser extraordinarias pasan a ser normalizadas: un niño en el metro al que no se le cede un sitio (de las embarazadas ni hablamos), un vagabundo que pide y al que nadie le mira, noticias diarias con cientos de muertos o aquellas publicidades que muestran la hambruna en países en desarrollo que se ignoran una y otra vez. Son pequeños gestos que nos hacen cada día más insensibles, seguramente porque es a lo que nos acostumbrado.

Las redes sociales nos han hecho ver un poco más allá de nuestro ombligo. Pero solo un poco. Buscamos aquellos que comulgan con nuestras ideas para gritar más alto las nuestras. Intentamos ser aquellos que creemos tener la razón para volver a imponer nuestra voluntad y ser de nuevo aquellos egoístas que jamás escucharán a otros. Podemos ser los más activos en Facebook, Twitter o cualquier otra comunidad social pero ay cuándo nos pide que salgamos a la calle a trabajar por ese mundo que pedimos, ahí se nos acaban las fuerzas y volvemos a ese sofá desde donde mandamos el tweet demostrando al mundo que estamos con la causa. Un gran consuelo.

Sin embargo, poco trabajamos el egoísmo que realmente vale la pena. Ese de mirar por nuestro interior por aquellas pequeñas cosas que nos hace felices. Ese que nos hace buscar nuestra paz interior encontrando aquella tranquilidad que realmente nos impulsa a hacer el bien común en el que finalmente estará la felicidad. Ese que nos hace mostrarnos tal como somos le pese a quien le pese. Ese que finalmente nos enriquece como personas en un mundo donde ser egoísta es existir.

martes, 19 de septiembre de 2017

Un sueño llamado Freak Wars'17

Ahora que ha llegado la relativa calma después de la tempestad y todavía con las agujetas en el cuerpo, me toca hacer balance. Poner en perspectiva todo lo que ha significado estar en la organización de las Freak Wars'17 y lo más importante, todo lo que he aprendido de ello.

Lo primero que debo decir es que me siento muy orgullosa del trabajo realizado y del resultado. Más de 45 stands comerciales, 18 torneos, algunos incluso nacionales, 18 charlas con ponentes de altura, concurso de cosplay con 10 participantes, unos 800 bocatas vendidos, zona infantil con aforo completo, exhibición de softcombat y más de 3.000 personas (contadas una a una) que vinieron a descubrir, jugar o disfrutar del mundo wargame. Un terreno desconocido pero con enormes posibilidades (creo que nunca pensé que diría esto).

 

Todo conseguido con trabajo y más trabajo. Un año de trabajo que se dice pronto; 365 días en los que Nico, Ross, María, Nat y un servidora no dejábamos de hablar de FW y cómo podíamos mejorar el evento. 365 días en los que quemaba literalmente el grupo del WhatsApp con idas de olla, grandes ideas y muchos nervios. 365 en los que siempre había un espacio para pensar en cómo sería esta nueva edición. 365 días de nervios por saber si realmente estaríamos a la altura o si conseguiríamos que la gente viniera.



He de decir que no todo ha sido sencillo. Trabajar con un Ayuntamiento no es sencillo (aunque, pese a todas las trabas, han hecho posible el evento). Pero tampoco es fácil lidiar con un Nico que nos echa broncas por gastar pero que por contra se vuelve loco con PixarPrinting, las millones de correcciones de Ross, los audios interminables de Nat (o debería decir prima Natalia??) o los mensajes poniéndonos en nuestro sitio de María. Tampoco, porque no reconocerlo, ha sido fácil tratar con mi desconocimiento del mundo wargame y mi despistez absoluta que hace que me tengan que decir las cosas varias veces. Todo ello aderezado con la falta de tiempo y la dedicación totalmente altruista que hace que haya veces que pierdas las fuerzas.

Sin embargo, los ingredientes vitales para que FW'17 haya salido como ha salido han sido otros; el perfeccionismo de Ross, el poder social del tándem María y Nat, la gestión económica de Nico y mi granito de arena en comunicación. Tampoco me quiero olvidar de la inestimable ayuda de Loo con los planos, de Chan con torneos y niños, y de familiares, amigos y vecinos ripenses que no dudaron un segundo en venir a arrimar el hombro cuando se lo pedimos.
 


Pero lo realmente imprescindible en FW han sido las ganas. El ansia de que todo el mundo disfrutara nos ha llevado a discutir, correr, pasar horas delante de un ordenador y maldecir  muchas veces el evento. Sin embargo, han sido esas mismas ganas las que nos han hecho intentar superarnos día a día, buscar nuevas ideas y exprimirnos al máximo.

Y es que el caldo de cultivo "cocinado" por Ross y Nico hace más de cuatro años ha dado un resultado del que estoy totalmente orgullosa. Su empeño en construir una cita de referencia para una de sus aficiones, me han llevado a soñar (literalmente también) con un evento a la altura. Su energía y empuje me arrastraron a sumarme al carro para conseguirlo. Y todo junto ha concebido algo que considero muy grande. Seguramente esa es la mayor lección que me llevo de este duro año de trabajo.

Por supuesto, nos queda mucho por mejorar, aprender y valorar. Y justo eso es lo que da fuerzas para avanzar. Porque pese a las trabas administrativas, la falta de sueño, los moratones por cargar caballetes, tableros y sillas, y los nervios y discusiones, el balance ha sido positivo y enriquecedor. Nos vemos en FW'18.